Los tarros
Esta mañana, viniendo hacia el trabajo en el autobús, me encontré con un antiguo compañero del instituto. Hacía como 14 años que no le veía. Se llamaba, y se llama, Tomás. Entró en el instituto habiendo dejado el seminario. Me acuerdo perfectamente porque en aquella época este Tomás estaba un poco salido. El caso es que hablando con él me contó que estaba aquí unos días de descanso, porque está trabajando en Zambia en una ONG, ayudando a la escolarización de los niños de un poblado de ese país.
Lo más importante que me contó, o al menos lo que más me impactó fue que en el poblado en el que él está, hay una tribu que se llama Nebendú o algo así. Pues bien esta tribu tiene una especie de jefe que tiene un tarro por cada hombre de su tribu, y dentro de cada tarro hay una mezcla de sangre, saliva y esperma de cada hombre. Por lo visto ellos están convencidos que si esa mezcla se lanza al fuego esa persona muere. Al principio me quedé un poco extrañado pensando que no era más que otra superstición africana, pero Tomás que ya había pensado un poco más en eso me lo explicó de otro modo, y me dijo que tampoco es tan extraño, y que nosotros también moriríamos si perdiéramos nuestro tarro.
Si la sangre representa nuestra familia, el semen el amor, y la saliva las cosas que nos gusta hacer, ya lo tenemos todo explicado. ¿Qué somos sin familia, amigos, amor y sentirnos realizados con nuestro trabajo o aficiones? pues creo que nada. No seríamos más que vegetales que respiran. Muy bien, pero no todo es blanco o negro, hay muchas tonalidades de grises ¿y qué pasa si falta algo de eso? ¿nos quedamos a medias? ¿en qué nos quedamos a medias? Creo que iré otra vez al desierto, durante unos días, a meditar un poco.

Ov dijo
Un post muy ineresante, tanto que me siento ridícula dejando este miserable comentario.
Un saludo Keritai (amable-inteligente-educado)
20 Junio 2006 | 02:01 PM